Al borde del despeñadero o a punto de renacer la Revolución

Compañerxs:

La situación en la cual se encuentra el país es insostenible. Una ola de alza de precios azota los bolsillos de los trabajadores mes a mes, la crisis económica creada por el capitalismo se ensaña cada vez más con los de abajo.

En todos lados se miran los rostros de preocupación ante la situación actual; no hay un solo trabajador que no se queje de la situación en que vive, de la forma en la que se encarece la vida constantemente.

El descontento hace aparición en todos los rincones del país: pocos son los que niegan que la situación sea sumamente caótica. Defienden esta situación únicamente los que por medio de ella viven: Los chupasangres del patrón, el capitalista y el gobierno, el clero y la policía.

En todos lados vemos el desprecio manifiesto hacia los guardianes del orden burgués. Desde el joven hasta el viejo, todos detestan al polizonte, todos se dan cuenta de que todos los gobiernos solo sirven para velar por sus intereses y los de los ricos.

Los alzamientos populares que desde hace años se viven en México son síntomas de una cosa: la revolución mexicana revive en los corazones de los oprimidos. Y esperemos que esta vez, aleccionados por la revolución de 1910, los trabajadores sepan ver claramente que quitar a un gobierno y poner a otro, ni que se diga el mejor intencionado, significa ir a morir para beneficio de un grupo de haraganes que le esclavizarían.

Esta es la situación actual ¿Por qué no estalla entonces la revolución si existe ese panorama en México?

Porque hace falta el movimiento que encienda la mecha.

Si el pueblo ve que las alternativas que se le presentan no son sino gobiernos “de abajo y a la izquierda” o dictaduras “del proletariado” o gobiernos “demócratas” inmediatamente salta a la  vista que el mejoramiento que se propone apenas es superficial.

El descontento social que existe es terreno fértil para el anarquismo, y son esas condiciones sociales las que los anarquistas debemos aprovechar para impulsar movimientos revolucionarios ahí donde la reforma hace mella, radicalismo donde se predica el reformismo, horizontalidad donde se practica la verticalidad, libertad donde se practica la disciplina de cuartel.

Es nuestro deber como militantes anarquistas provocar el choque de los intereses de los de abajo con los de los burgueses y estatistas de todo linaje.

Y tú trabajador que ves robado diariamente el fruto de tu trabajo por el zángano del patrón; tú, que ves como tu vida cada vez es más pobre y la de los ricos más opulenta; tú, que con tu trabajo sostienes las columnas de este imperio de miseria y agonía, debes mostrar tu indignación y rebeldía contra los que te explotan.

Abre los ojos: todo cuanto existe en el mundo (exceptuando lo natural) es producto del trabajador, y sin embargo el trabajador padece hambre y miseria. En tanto los ricos que nada hacen lo tienen todo.

La maquina, el campo, la empresa, las casas, la herramienta y toda la riqueza social que existe es tuya en tanto que trabajador ¡Alístate para arrebatar a los ricos aquello que te han robado!

La revolución social no sostendrá privilegio alguno: quien teniendo capacidad para trabajar y no lo haga, que no coma. Que el cura abandone la biblia, que las monjas abandonen los conventos, que los patrones dejen de estirar la mano, que el polizonte y el militar abandonen las armas, en fin, que los que nunca han trabajado trabajen si desear consumir algo de lo que el trabajo produce. Y si no, que les sea arrebatada por la fuerza la riqueza que han robado a sangre y fuego a los pobres.

El estudiante, el obrero, el campesino, el desempleado, todos los que de alguna forma sufren y agonizan bajo el imperio del capital, debemos sacar la dignidad de ahí donde el poder nos la ha pateado, alzar la voz y buscar la organización horizontal, libre, solidaria, que no cumpla el papel de reformista que hasta ahora muchas organizaciones cumplen.

Debemos saber, compañeros explotados, que si alzáramos la voz y el puño para derrotar al gobierno actual y sin embargo pensamos en poner en su lugar a otro gobernante, más valdría la pena que nadie se arriesgara lo más mínimo.

Que nuestros esfuerzos no vayan encaminados a reformas que solo cambian el nombre de la explotación y dejan en pie todo el andamiaje gubernamental que bajo nuevas formas nos explotarán.

Nuestro pueblo merece un mejor futuro que un nuevo zángano en el poder.

La situación económica va en picada hacia el caos y la miseria generalizada de la inmensa mayoría del pueblo. Nos encontramos al borde del precipicio, y es nuestro deber afrontar la misión que la historia nos pone delante: luchar por un mundo sin vividores, sin privilegios, donde la libertad y la justicia no se vendan al mejor postor como en la actualidad.

Y en ese camino, hermanos, los anarquistas debemos estar en primera línea, pues nuestro papel de revolucionarios nos empuja a ser los más ardientes militantes en la revolución.

¡Adelante compañeros, luchemos con todas las energías de que dispongamos, y el futuro será libertario!

Salud y anarquismo. 

José Rinaldi.

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